Me puse a gritar, a pegarle piñas al piso. Me dolieron los nudillos, me dolió la cabeza, me dolió saber que no iba a volver a verlo. Pegando vuelve la tristeza: quiero por lo menos sentir algo. Y algo incluye "dolor". Peor que sentirse mal, es no sentirse.
No hay nada adentro mío, solamente un par de fantasmas, algunas marcas indelebles, y la convicción de que este mundo no está hecho para personas como yo.


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