La búsqueda de la felicidad no nos lleva a la consecución de la felicidad. Necesitamos en realidad infortunios, desgracias, tragedias, catástrofes, crímenes, pecados, delirios y peligros en nuestras vidas. Y si no las tenemos, nos los inventamos. ¿Por qué? Porque la felicidad es en realidad aburrida. Imagínese un coro de ángeles pasando sonrientes en una nube y verá cómo pronto bosteza. Observe entonces como esos mismos ángeles discuten, se traicionan, y sufren los unos por los otros, y sentirá cómo se conmueve.
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