Y sí, le dije, le dije todo.
Fui completamente incisiva y no tan hiriente como pensaba, como planeaba.
Imaginé durante 3 días enteros, la misma escena.
Imaginé verte llegar con cara de rendido y yo, con el más profundo de los odios, te daba un piñón con un peso y sabor más amargo ke la más vomitiva de las traiciones, pero de frente.
Pero no
No lo hice
Durante una hora mientras te esperaba me concentré lisa y llanamente en respirar y no morir en el intento.
No hubieron gritos, no hubieron golpes.
Hubieron temblores angustiantes y lágrimas de impotencia.
Estoy sorprendida y satisfecha de la altura con la ke supe manejarme y con el auténtico amor con el ke supe hablarte, lejos de la violencia ke mis entrañas palpitaron tanto.
Y tenía razón en sentir esa violencia.
Tenía razón mi odio visceral abrazado a mi miedo.
Pero más razón tuve mientras mirándote te dije con la más ideal de las claridades, ke por mucho miedo ke tuviera, por mucho odio ke sintiera, por mucho rencor ke te guardara, te quiero y eso sigue igual.
No estoy configurada para soltar la mano después de una cagada. Yo sólo sé acompañar. Y por morboso ke suene, el verte llorar sin esconderte mientras me decís ke sí, ke lo sabés, aunque yo no te dijera nada, me dió calor al alma.
Después de 3 días completamente infernales, de llanto, pánico, miedo y bronca. De fingir ke nada pasaba para no asustar a nadie, de verguenza, de no poder aceptar lo ke pasaba.
Después de experimentar el más filoso miedo, aprender ke todavía existen sensaciones y situaciones ke jamás le desearía a nadie, llegó una nueva.
Jamás, y te lo dije, jamás le desearía a nadie, ni siquiera a vos, experimentar el terror, la incertidumbre y la desesperación de la ke fui víctima durante horas, en una madrugada horrenda mientras estática miraba pasar los minutos, literalmente, esperando ke llegara una puta hora decente para mandar el mensaje ke empezaría el Antes y el después de todo.
Fueron horas eternas, las más inhumanas ke había. De 2 a 7:27am miré fijamente el reloj del celular, como si estuviera ya muerta, de una sobredosis de cocaína y pánico, esperando ke se haga la hora de la verdad.
Como te dije, ni siquiera a vos, ni siquiera en ese momento, fui capaz de desear ese malestar. Jamás lo haría.
Y bueno, sí. La verdad, es ke no lo merecías tampoco.
No estoy hecha para mentir, por mucho ke quisiera decirte ke te odiaba la realidad es ke no, ke es más complejo.
Te quiero, siempre te quiero.
Lo prometido es deuda.
sábado, 9 de mayo de 2020
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